CONOCE: Los conceptos básicos de la Democracia Cristiana

Qué es la Democracia Cristiana:

       La Democracia Cristiana es nuestra ideología política. Ella nos orienta en la forma de observar e interpretar a la sociedad y sus diversos problemas. Sustentándose en la     Doctrina Social de la Iglesia - que es el pensamiento que emanan las encíclicas papales -, la Democracia Cristiana acoge una amplia gama de características, valores y   principios que la convierten en un pensamiento original, específico y diferenciado.

       El joven, dirigente y militante del Partido Social Cristiano COPEI, no solo tiene el deber y sino la necesidad de conocer su ideología, de practicarla y de contribuir a su análisis y renovación continua.  Debemos conocerla, pues en la práctica política, cada uno de los pasos que demos debe ir en relación a los valores y principios de la Democracia Cristiana. Si damos un paso en otra dirección o basándonos en una concepción distinta, no estaríamos siendo auténticos demócratas cristianos y desvirtuaríamos así nuestra lucha. Pero no solo se trata de practicar la ideología en el plano político. El demócrata cristiano debe interiorizar a la Democracia Cristiana en su plano personal, pues en su escogencia, aunado a su vocación por la política, la asumió como un modo de vida al servicio de la sociedad. “No se trata solamente de definirse como seguidores de los valores cristianos. Se trata de vivirlos” Jaime Castillo Velasco.

       Debemos sentirnos orgullosos de ser demócratas cristianos, pues hemos escogido bien en seguirla. Por ello, nuestro eslogan será “Dilo con orgullo, soy demócrata cristiano”. Un social cristiano formado, se siente identificado con su ideología y con su organización política y se compromete e inspira aun más en la lucha que llevamos a cabo.  Recuperar la identidad y el compromiso social cristiano es un esfuerzo oportuno y obligatorio para el futuro de nuestra organización. “No pareciera seria ninguna acción política, sin un pensamiento que la alimente” Luis Herrera Campins.

 

Historia de la Democracia Cristiana:

       No queremos en este inciso, profundizar en el estudio histórico de la Democracia Cristiana, pero si resaltar sus principales momentos de auge y fortalecimiento como pensamiento político.

        Hacia finales del S. XVIII y principios del S. XIX, Europa vivía una época difícil y controversial llena de revoluciones políticas, conflictos sociales, cambios en los sistemas de producción, alteraciones en las estructuras sociales y surgimiento de nuevos ideales políticos, entre otros factores.

        Se dejaba atrás el modelo feudal, y se apertura el modelo liberal y mercantilista como consecuencia de la expansión de la revolución industrial, sirviendo de antecedentes del Capitalismo como modelo de producción. Este proceso hizo que surgieran dos clases sociales específicas: la burguesía y la clase obrera.

        Si bien no podría negarse que la revolución industrial inició el camino hacia la modernidad, de la cual gozamos hoy en día, tampoco podríamos esconder que fueron infinitas las injusticias sufridas por la mayoría obrera. El ser humano era tratado como maquinas, debían cumplir largas jornadas de trabajo bajo condiciones miserables y recibían por ello un pago muy bajo que los mantenía en la pobreza. Esta situación, mantuvo tensas las relaciones entre obreros con sus patrones, quienes exigían continuamente mejoras salariales y reducción de horas laborales.

        Esta caldera de inconformidades y exigencias obreras, recibió con respaldo al nuevo ideal político emergente llamado Socialismo. Bautizado así por Carlos Marx y Federico Engels, propuso la desaparición del Capitalismo y la dictadura del proletariado. Esto hace que se caldeen aun más los ánimos entre obreros, que se intensifiquen las protestas, que se conformen sindicatos y aparezcan nuevos partidos políticos de corte socialista.

        Durante años, la Iglesia Católica veía los acontecimientos sin intervenir, pero la profundidad de los problemas sociales que se manifestaban, llevaron a la Iglesia a fijar su posición en relación a la cuestión social. El 15 de mayo de 1891, la Papa León XIII, pública la encíclica Rerum Novarum, que en español significa “De las cosas nuevas”.

        La Rerum Novarum, denuncia que el orden social y económico generado por la revolución industrial, el liberalismo  y  posteriormente el socialismo no se compadecen con la moral ni la ética cristiana. Este documento defenderá con fuerza, que el  trabajo no es una mercancía sujeta a las leyes de la demanda y la oferta, que la propiedad privada tiene una función social y que la autoridad debe intervenir en las relaciones económicas para tutelar los  derechos de los más débiles.  Surge aquí el aval y el estímulo para promover todas estas posiciones en la estructura del Estado, y con ello, la primera toma de conciencia sobre una acción política con signo cristiano.

       Posteriormente y luego de la I Guerra Mundial en 1918, un sacerdote de la región de Sicilia en Italia, Luigi Sturzo, recibe la autorización de sus superiores eclesiásticos para lanzarse a la aventura de un partido político, fundándose así el Partido Popular Italiano. La vida democrática de Italia ve insurgir a una organización política que busca y requiere del pueblo para la solución de los problemas y que al mismo tiempo envía un mensaje con gran contenido social. Su ambición era señalar una posición cristiana que era capaz de ofrecerle al pueblo caminos claros para sus reivindicaciones y se propone difundir en los sectores populares un conjunto de ideas que permitan organizar a esos sectores para influir en el poder del Estado. Con Sturzo, la Democracia Cristiana salta de la idea a la praxis y se desprende de la Doctrina Social de la Iglesia para adquirir independencia como organización específicamente política.

       Más adelante, y después de culminada la II Guerra Mundial en 1945, Europa se ve sumergida en momentos de grandes angustias sociales, alimentadas por el desconcierto y las amarguras de las Guerras. Dentro de este escenario, era fundamental llenar el vacío espiritual que reinaba en la población y los movimientos demócratas cristianos florecieron con fuerza. 

       El propio Sturzo, y otros pensadores como Maritain, De Gásperi y Adenauder, hicieron de sus vidas un ejemplo de consecuencia con la Democracia Cristiana, y se erigieron como líderes de la resistencia del hombre frente al totalitarismo. Ello permitió que al término de la Guerra, pudiesen aparecer con todo vigor los grandes partidos demócratas cristianos que le disputaron al marxismo la conciencia y la voluntad de los pueblos, y que asumiendo democráticamente la tarea de gobernarlos, lograron el milagro de la reconstrucción del llamado viejo Continente.

       En este mismo período, es cuando cobran impulso los partidos demócratas cristianos en América Latina. Al comienzo no se conformaron como una opción inmediata de poder, y más bien, tenían un propósito de clarificación y adaptación de las ideas fundamentales de la Democracia Cristiana a la realidad de América Latina. Partidos como la Unión Cívica de Uruguay, Falange Nacional de Chile y COPEI en Venezuela, fueron los primeros en constituirse, y a pesar de que no se nombraron como demócratas cristianos sino años después, ya se les conocía como tales. Unión Cívica y Falange Nacional, convirtieron sus nombres a Partido Demócrata Cristiano y COPEI mantuvo sus siglas, identificándose como Partido Social Cristiano o Demócrata Cristiano.

       Desde entonces, la Democracia Cristiana es un instrumento expresión y participación política para millones de seres humanos en el mundo.