CONOCE: Características y Posiciones Fundamentales de la Democracia Cristiana

Nuestro nombre, Democracia Cristiana:

        Ser demócratas cristianos no es la suma de ser demócratas y de ser cristianos. Podemos encontrar en la vida política y social, a individuos u  organizaciones que son demócratas, que también son cristianos y sin embargo no son demócratas cristianos. Este nombre de adopto con la intención de identificar un mensaje ante la opinión pública y de dar respuestas inmediatas a los pueblos angustiados, desorientados y espiritualmente vacios de la Europa post guerra (1945). Esta respuesta debía ser muy clara, y presentarse con una etiqueta bien definida; por ello el nombre de la Democracia Cristiana, se impuso casi como una necesidad.

        Nuestro nombre, Democracia Cristiana, contiene dos elementos obvios: el elemento  democrático y el elemento cristiano. El elemento democrático, es de carácter necesariamente político, pues somos afines a la Democracia como forma de organización del Estado e instrumento necesario para alcanzar nuestras propuestas. Y el elemento cristiano que envuelve un planteamiento de naturaleza filosófica y una posición social frente a la vida. La Doctrina Social de la Iglesia, impone en política un espíritu, no una política. Y por ello el elemento cristiano, impone en nosotros un espíritu de lucha a la luz de los principios y valores del cristianismo. Aunque el elemento cristiano en el plano político se preste a confusión, es importante resaltar que los movimientos demócratas cristianos no son círculos puros de pensamiento y de doctrina, sino grupos de acción. Y la acción política es un enfrentamiento y una atención cercana y constante a los problemas de la sociedad, tarea por tanto, de políticos. Es el ejemplo de Luigi Sturzo, quién debió separase del clero eclesiástico para dedicarse a la actividad política con el Partido Popular Italiano.

        Aunque nuestro nombre se compone de dos elementos, no representan entre sí, ingredientes separados, pues entendemos la Democracia a la luz de la filosofía cristiana y entendemos al cristianismo en su manifestación y vivencia democrática.

 

Nuestra ideología es Aconfesional:

        Esta característica, tiene mucha relación con la anterior, debido a que viene a resaltar que la Doctrina Social de la Iglesia, de la cual nos alimentamos y es base de nuestro pensamiento ideológico, no intenta imponer un orden religioso confesional a los seguidores de la democracia cristiana. Somos aconfesionales, lo que quiere decir, que separamos el credo y la actividad religiosa, de la militancia y la acción política y no auspiciamos la invasión del uno por el otro. No queremos que la política invada el campo específico de la actividad religiosa, ni que la religión invada el campo específico de la actividad política. Es natural que quien tenga su fe en la religión católica, se sienta identificado con la Democracia Cristiana, pero en la historia de nuestra corriente ideológica, han sido muchas las personas que no profesando la religión católica, han militado y actuado con esfuerzo en la Democracia Cristiana, sencillamente porque se han sentido identificados con los valores y principios universales del espíritu de lucha cristiana.

        Debemos admitir que el hecho de llamarnos cristianos entraña para nosotros una grave responsabilidad: nos obliga a esforzarnos por traducir, dentro del campo político y social, el estado de espíritu que supone la inspiración cristiana. Por lo pronto, al plantear una posición que denominamos cristiana, tenemos que insistir en que lo hacemos desde el punto de vista político, sin pretender con ello implicar un credo religioso determinado.

        En nuestras organización demócratas cristianas se deben dar las condiciones para que dentro de ellas puedan militar hombres y mujeres de variadas convicciones religiosas, o sin ninguna denominación religiosa, siempre que acepten la inspiración general de espiritualidad, de solidaridad humana, de dignidad de la persona y de realización de la justicia social y el bien común, que constituyen el fondo vitalizador de nuestra ideología.

 

Nuestro carácter Revolucionario:

       El carácter revolucionario, viene a elevarse dentro de la Democracia Cristiana Latinoamérica. En América Latina, no se trató, como en Europa, de reformar a una sociedad desorientada, con grandes carencias espirituales y motivacionales por el efecto de la Guerra, sino, de transformar de manera profunda y acelerada a los pueblos latinoamericanos, para hacer posible un nivel de vida cónsono con la dignidad humana.

        Los países subdesarrollados, no se conforman con el estatus actual; los pueblos tienen una conciencia cada vez mayor de la explotación e injusticias de las que son victimas, y nos están dispuesta a esperar que la solución de sus agobiantes problemas sociales se produzca mediante la lenta evolución de las fuerzas naturales. La Democracia Cristiana para estos pueblos, es una respuesta revolucionaria sin el signo de la violencia destructiva y sin sacrificio de los Derechos Humanos.

          La Democracia Cristiana ofrece un testimonio de inconformidad. Los demócratas cristianos no estamos conformes con el mundo tal como existe y no estamos ubicados dentro de los grupos comprometidos con la defensa y mantenimiento del orden social existente. Queremos aportar con nuestro esfuerzo, acción y mensaje, una solución distinta a los problemas que enfrenta la sociedad.

      Sabemos que en la mayoría de los pueblos existen grandes contingentes humanos marginados, que no pueden realizar, ni siquiera en medida precaria, las aspiraciones inherentes a la dignidad de su propia persona. Estos marginados carecen de trabajo, que es el elemento fundamental de la organización social. Y al carecer de trabajo, no tienen tampoco, acceso a otros elementos y bienes fundamentales como: alimentación, vestido, vivienda, educación, salud, recreación sana, entre otras. Y lo que es más grave no son estas carencias en sí, sino que dentro de las perspectivas del mantenimiento rígido del orden social actual, carecen hasta de la esperanza razonable de poder modificar su situación en un futuro más o menos cercano.

       Esto reclama un cambio tan profundo, de tanta magnitud y de tanta urgencia, que no se puede aceptar la solución de una mera evolución espontánea y paulatina. Los partidos demócrata cristianos, han de ser revolucionarios porque exigen un cambio rápido y profundo y estos dos elementos, la rapidez y la profundidad del cambio, determinan el concepto de revolución.

   Pero, la revolución demócrata cristiana es radicalmente distinta de la revolución marxista. Debido a que los acontecimientos socio económicos llevados a cabo por el comunismo, han fortalecido la palabra revolución, debemos ser muy claros en este punto, pues dentro de la ligereza, podemos confundir peligrosamente nuestro planteamiento de revolución. Hay que proclamar que planteamos una revolución pacífica, constructiva y democrática. No buscamos el odio como motor, ni deseamos poner al hombre al servicio del Estado.

       Los demócratas cristianos no interpretamos las exigencias de cambio, en la doctrina de los movimientos marxistas. Primero, porque arrancan de una concepción materialista (posesiones); segundo, porque los medios y fines que se proponen no armonizan con la libertad; tercero, porque desde la experiencia histórica, los ensayos marxistas, se han realizado a través de regímenes totalitarios, que arrancan al hombre su libertad, colocándolo en una nueva forma de esclavitud, y ni siquiera desde el punto de vista material llegan a cumplir los objetivos mínimos que ofrecen.

¡Viva la Juventud Revolucionaria Copeyana!

 

Nuestro pensamiento sobre la Democracia:

 

       La Democracia, etimológica y filosóficamente, es gobierno del pueblo. Nosotros los social cristianos, creemos en la Democracia. Y creemos que no se trata de sumar la mitad más uno para ponerla a decidir todo lo relativo a lo social y privar de todo derecho u opinión  a la mitad menos uno. No se trata sólo de mantener la posibilidad de que existan partidos políticos y de que sus representantes se reúnan a deliberar en un  parlamento.

        Los demócratas cristianos, pensamos en una reforma de la Democracia, hacia un sentido mas personalista, pluralista, comunitario y participativo.

       “La tragedia de las democracias modernas, es que aún no han conseguido realizar la democracia” Maritain.

        La Democracia Personalista, significa que dentro del ejercicio de la Democracia, lo primero es el Pueblo. El Pueblo para los demócratas cristianos, representa una comunidad total; no hay exclusiones dentro del concepto; todos formamos el Pueblo.  En lenguaje común, la palabra Pueblo, está relacionada con los sectores más necesitados y desposeídos de la sociedad, pero para nosotros, Pueblo somos todos.

        El Pueblo, es un conjunto orgánico de personas humanas. Por eso, la idea de la persona humana y su dignidad, viene a ser para nosotros elemento fundamental de la idea democrática. No puede haber verdadera Democracia si la persona humana no es respetada. La persona humana es el ingrediente principal del Pueblo y es considerada por nosotros, no como una masa, sino como un sujeto libre, consciente y responsable de sus actos y decisiones.

     Nosotros, por definición, por principio, por esencia, somos no sólo ajenos, sino contrarios a todo lo que envuelva menoscabo o disminución de la dignidad de la persona humana. Por eso, la demagogia, es un recurso incompatible con el pensamiento de la Democracia Cristiana; porque supone, no la elevación del Pueblo, sino su relajación, su corrupción,  su utilización como instrumento para lograr determinados fines; no la elevación de la conciencia, sino la manipulación de instintos y sentimientos primarios, para manipularlos y usarlos en favor o en contra de determinados objetivos.

        Parafraseando las palabras de Lincoln, sobre que la Democracia es gobierno del Pueblo, ejercido por el Pueblo mismo o sus representantes y para el beneficio del Pueblo; para nosotros los demócratas cristianos, y para los demócratas en general, no se puede concebir el ideario democrático, si dentro de ella, el progreso y desarrollo del Pueblo no tiene una orientación final. Desarrollo no es la acumulación de bienes y servicios ni el aumento de la riqueza. Desarrollo es el mejoramiento del Pueblo, basado en la satisfacción de sus necesidades y aspiraciones como comunidad y como personas humanas.

        La Democracia Pluralista, significa que entre el ciudadano y el Estado hay una serie de formas sociales que constituyen el desarrollo normal de la sociedad. Para nosotros la Democracia Pluralista, se puede entender en dos sentidos: A) en un sentido de pluralismo ideológico, en cuanto admite y reclama la expresión de opiniones diversas; y B) en un sentido de pluralismo social, en cuanto significa el reconocimiento de la existencia de formas plurales en la sociedad.

      Admitimos la expresión de ideas distintas, porque la búsqueda de la verdad supone la confrontación de los puntos de vista, y no puede lograrse por medio de la fuerza, ni imponerse por la exclusión forzosa de otras formas de pensamiento.

   Admitimos el reconocimiento de las distintas formas plurales de la sociedad, en el sentido de respetar y promover la sociabilidad que ayuda a la persona humana a la realización y cumplimiento de sus propios fines.  El Municipio es una de ellas, considerado como una sociedad integrada de modo natural en un espacio determinado y que tiene que resolver los problemas específicos que la vecindad (vecinos) supone. Para la Democracia Pluralista que los demócratas cristianos concebimos, la Familia es una institución fundamental y elemento primario de nuestra acción política; es una expresión  natural y necesaria que tiene la persona humana en su  manera de vivir y posee derechos propios y específicos. Otras formas plurales de la sociedad: sindicatos de trabajadores, grupos profesionales, comunidades culturales, universidades, asociaciones, comunidades religiosas, entre otras.

        La Democracia Comunitaria, es la Democracia que sustentamos los demócratas cristianos. No aceptamos la democracia individualista. Para nosotros, el individuo no es el objeto de la acción política, sino la comunidad. No buscamos asegurar el bien individual, sino el bien común. No nos basta la justicia conmutativa, sino la justicia social. Aspiramos a que el egoísmo sea vencido por el amor, para realizar la idea verdadera de comunidad vivificada por la solidaridad. Queremos que el Estado represente a la comunidad política; que la empresa sea una comunidad en lo económico; que los pueblos constituyan una verdadera comunidad internacional. El signo comunitario ha venido a ser uno de los elementos distintivos de la Democracia Cristiana.

     Y por último, la Democracia Participativa, significa asegurar la participación permanente del Pueblo en el proceso de toma de decisiones. No nos satisface que el Pueblo sea convocado cada cierto número de años a escoger a sus representantes y dirigentes y después sea relegado hasta la próxima consulta electoral. Es necesario que el Pueblo, se manifieste responsablemente en el conocimiento, análisis y opinión de los problemas, así como también de sus aspiraciones.

    ¿Cómo lograrlo? A través de un proceso de organización y de diálogo. Organización, para que los diversos sectores, busquen por sí mismos sus canales y modos de expresión y acción. Diálogo, para que los gobernantes expongan y defiendan ante el Pueblo el contenido de sus decisiones y, a su vez, escuchen los planteamientos formulados por los diversos modos de expresión popular.

        En América Latina, esta tarea es una de las más importantes ya que existe una tradición de paternalismo oficial que achaca al Estado o al Gobierno,  la culpa de todos los males y la responsabilidad de todos los remedios. No ha habido, ejercicio de la responsabilidad ciudadana.

        La Democracia Cristiana repudia tanto la tesis del Estado providencia como la del Estado gendarme. No admite la responsabilidad entera del poder público ante las cuestiones sociales y económicas, pero tampoco acepta la solución estatista que reduce al hombre a un simple espectador de los planes oficiales.

     Su logro implica también el esfuerzo de la promoción popular y, por otra parte, el fortalecimiento de las instituciones y la creación de nuevas estructuras, mediante un nuevo ordenamiento jurídico y una nueva praxis social.

 

Ejemplo: Consejos Comunales; Asociaciones de Vecinos; Liderazgo para la forjación de una nueva praxis social.

 

Instituciones y Estructuras:

        Para los demócratas cristianos, las instituciones son una realidad permanente, que responde a determinados principios, ideas y necesidades del cuerpo social. Se manifiestan en hechos concretos, es decir, desde las estructuras, que plasman o traducen mediante determinadas normas, vivencias o relaciones, lo que cada institución quiere realizar.

        Nosotros, los demócratas cristianos, no estamos satisfechos de las estructuras actuales. No lo estamos sobre aquellas dentro de las cuales se desenvuelve la Familia, que dificultan su desarrollo. No estamos satisfechos de las estructuras económicas, dentro de las cuales se desenvuelven instituciones como la empresa, el sindicato, o la comunidad profesional. Tampoco, de las estructuras culturales, que en nuestra opinión no realizan a plenitud las necesidades del hombre de nuestro tiempo; ni de las estructuras políticas, encajadas en ciertos moldes que no están a tono con la dinámica y las necesidades del momento en que vivimos.

   Pero cuando hablamos de un cambio de estructuras, no lo hacemos con la idea de arruinar las instituciones. Es precisamente para que las instituciones se fortalezcan y cumplan mejor las finalidades por las cuales existen.

     Los conservadores, al pretender el mantenimiento de las estructuras actuales, tratan de mantener las instituciones dentro de un molde de hierro que las esterilizaría y las lleva al fracaso. Los marxistas pretenden la destrucción de las estructuras actuales para derribar las instituciones y substituirlas por otras. La doctrina marxista ortodoxa supone la desaparición de la familia y del Estado.

 

La Democracia Cristiana y las Formas de Propiedad:

        La Democracia Cristiana se ha mantenido alejada de la concepción liberal capitalista y del socialismo marxista, en cuanto a su intenso debate sobre la existencia de la  propiedad privada. Para nosotros, es necesario mantener como derecho natural y primario de la persona, el derecho de la propiedad; pero al mismo tiempo, exigir que este derecho de propiedad esté sujeto a un ordenamiento jurídico, para que cumpla la finalidad social que la justicia exija en beneficio general.

        No pretendemos que toda propiedad cumpla por el sólo hecho de su existencia una función social.  La propiedad tiene múltiples formas. Es pública la que corresponde al Estado, en nombre de los intereses generales de la Nación. Es privada la que se reconoce a cada quien como individuo. Nuestra tesis acerca de la propiedad jamás ha excluido ni podría excluir la idea de que muchas de las formas de tenencia de los bienes deben ser de naturaleza pública y no privada.

        No hay sólo el binomio propiedad del Estado ó propiedad privada. Existe también la propiedad familiar, que tiene como sujeto a la familia, y la propiedad comunitaria, que busca caminos a la justicia y al bienestar de todos, poniendo como sujeto a la comunidad, o alguna forma de comunidad. Dentro de la Democracia Cristiana hay una sincera aspiración hacia el fomento de la propiedad comunitaria, como un medio de eliminar barreras entre clases y sectores sociales, y de estimular a los hombres al esfuerzo común.

 Ejemplo: Expropiaciones con utilidad pública; Nacionalizaciones del hierro y el petróleo;

 

La Subsidiariedad y la Intervención del Estado en la vida social:

       La Democracia Cristiana ha defendido el principio de la Subsidiariedad, que obliga y orienta al Estado a apoyar, asistir y completar la acción de los particulares cuando ésta no sea suficiente para alcanzar los fines sociales propuestos.

        Por otro lado, los demócratas cristianos creemos en la responsabilidad del Estado para la intervención en los asuntos colectivos con el fin de dirigir, coordinar y controlar las actividades de individuos y grupos. Consideramos que la abstención del Estado ante los hechos de injusticia, las diferencias de poder entre los hombres o entre los distintos grupos o clases sociales, es criminal, y por tanto, el Estado tiene el derecho y el deber de intervenir. Esta intervención debe tener por límites la existencia de los derechos naturales de las personas o grupos, que el Estado no otorga sino que reconoce; pero, al mismo tiempo, debe llegar hasta donde sea necesario, para realizar la justicia, sin coartar la iniciativa y el derecho de todos los actores a desarrollarse y a actuar dentro de una esfera propia con libertad.

 Ejemplos: Misiones Sociales e intervención y regulación del mercado.