El miedo más profundo del Hombre

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.
El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.
Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.
No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.
Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

(Nelson Mandela)


Los tres elementos indispensables...

Reproducimos a continuación parte del curso introductorio sobre Doctrina Social de la Iglesia escrito por Mons. R. Ovidio Pérez Morales.

 

Esta tríada corresponde a la de los tres ámbitos o campos que se pueden señalar en una sociedad: el económico (tener), el político (poder) y el ético-cultural (ser). Sus valores característicos son, respectivamente: igualad, libertad y fraternidad.

Estos tres ámbitos deben considerarse y actuarse en estrecha  interrelación, teniendo presente la integralidad del ser humano (unidad antropológica), la circunstancia concreta histórica y la necesaria jerarquía de valores. El nivel económico es básicamente del orden de los “medios”, el político del orden de los “fines intermedios”, y el ético-cultural, del orden de los “fines penúltimos y últimos”, de la “totalidad de lo humano”.

1. Comunicación de bienes

Punto importante en la DSI es la afirmación de “la destinación universal de los bienes”, en el sentido, de que los bienes han sido creados para servir al desarrollo de todos los seres humanos individual y grupalmente, como personas y como pueblos.

La DSI hace la crítica tanto del capitalismo liberal como del colectivismo marxista, que son como idolatrización de la riqueza, bajo forma tanto individual como colectiva o estatal. La DSI afirma claramente la función social de la propiedad, pues “todos los bienes de la tierra están destinados, en primer lugar, al decoroso sustento de todos los hombres” (MM 119).  Juan Pablo II expresó: “Sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social” (Discurso en Puebla 1979).

Hay diversas formas de propiedad (estatal, privada, cooperativa, social), las cuales deben valorarse en función del bien común y del desarrollo integral de las personas, no olvidando la opción preferencial por los pobres y desvalidos de la sociedad. Concepciones extremas serían, de una parte, una propiedad privada entendida sin límites, que exacerba el individualismo y propicia injusticias y desigualdades, y de la otra, un colectivismo a la marxista, que minimiza la responsabilidad personal y conduce en la práctica a un estatismo radical, que obstruye un  desarrollo integral. La propiedad privada se legitima como resguardo de la persona y  estímulo a su iniciativa  en la perspectiva del bien común.

La Iglesia no propone un modelo socio-económico, político o cultural determinado. Elaborar modelos no es de su competencia. Toca a los laicos y a los ciudadanos en general hacerlo bajo propia responsabilidad.

1.   Democracia

Es un término muy antiguo y significa “poder del pueblo”.

Un texto de Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus resulta bastante iluminador:

 La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica.  Por esto mismo, no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado (CA 46).

Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la «subjetividad» de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad.

La DSI considera la democracia como forma de organización social preferible.  El Concilio Plenario de Venezuela formuló como tarea de la Iglesia y particularmente del sector del laicado: “Ayudar a construir y consolidar la democracia promoviendo la participación y la organización ciudadana, así como el fortalecimiento de la sociedad civil” (CIGNS Desafío 4).

A la democracia se oponen aquellos regímenes o sistemas autocráticos, dictatoriales y totalitarios que se apropian o interpretan el poder como hegemonía de una persona, un grupo o un partido, sin un respeto y acatamiento verdaderos a la soberanía popular. El sistema democrático, conquista moderna, es imperativo fundamental de la Constitución Nacional (ver Art. 2).

2.   Calidad de vida”

  No basta para una “nueva sociedad” un ordenamiento justo de la economía y un genuino funcionamiento democrático. El ser humano tiene una dimensión ética y espiritual que plantea ulteriores exigencias y horizontes. Es preciso atender no sólo al campo del “tener” y del “poder” sino al del “ser” y al del “ser más”. No basta atender a lo económicamente conveniente y a lo políticamente  necesario. El ser humano plantea necesidades que van más allá: armonía con el ambiente, relacionamiento amistoso,  especial sensibilidad respecto de los más débiles, realización artística, cultivo ético en valores no rentables ni políticamente aprovechables;  apertura espiritual y religiosa, oración y contemplación. Es el ámbito de la “gratuidad”.

 

El ser humano es pluridimensional y, por lo tanto, una liberación y desarrollo integral del mismo debe atender a las varias dimensiones de su existencia, con peculiar atención a lo que toca a lo más propiamente personal y comunitario. Se ha dicho que la sociedad necesita técnicos y políticos, pero también poetas y místicos. También que el crecimiento y desarrollo del hombre consiste primordialmente “en ser más y no en  tener más”.

 

Un nuevo humanismo no descuida el imperativo de una buena alimentación del cuerpo, pero tampoco la del espíritu. No se deja aprisionar por el consumismo, sino que entiende la realización personal también como cultivo intelectual, inquietud artística,  delicadeza moral y  elevación espiritual.

El Evangelio interpreta la realización plena y definitiva del ser humano en la línea del mandamiento máximo del amor, de la comunión humano-divina e interhumana.

La clave de una sociedad

Reproducimos a continuación parte del curso introductorio sobre Doctrina Social de la Iglesia escrito por Mons. R. Ovidio Pérez Morales.

1.   Bien común

El Concilio Plenario de Venezuela dice que el bien común es “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y fácil de la propia perfección” (GS 26; Cf. DP 317). El bien común, por lo tanto, debe ser el eje rector y ordenador de los bienes parciales, así como la meta de toda la actividad social, económica, política y cultural de la comunidad nacional” (CIGNS 96).

Las exigencias del bien común derivan de las condiciones sociales de cada época y están estrechamente vinculadas al respeto y a la promoción integral de la persona y de sus derechos fundamentales. Tales exigencias atañen, ante todo, al compromiso por la paz, a la correcta organización de los poderes del Estado, a un sólido ordenamiento jurídico, a la salvaguardia del ambiente, a la prestación de los servicios esenciales para las personas, algunos de los cuales son, al mismo tiempo, derechos del hombre: alimentación, habitación, trabajo, educación y acceso a la cultura, transporte, salud, libre circulación de las informaciones y tutela de la libertad religiosa. Sin olvidar la contribución que cada Nación tiene el deber de dar para establecer una verdadera cooperación internacional, en vistas del bien común de la humanidad entera, teniendo en mente también las futuras generaciones (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 166).

Bien común tiene que ver, pues, con  la  existencia  y seguridad de los ciudadanos (sobre-vivir), con la vigencia de un orden de derecho y justicia en la sociedad (con-vivir) y con el compartir unos ideales y valores que fundamentan la vida y el obrar en común (bien-vivir).

Centralidad de la persona y bien común no se oponen. Quedando a salvo los derechos inalienables de la persona, debe buscarse en el buen ordenamiento social  la prevalencia del interés de la comunidad por sobre los intereses particulares de individuos o grupos.  Al Estado le corresponde  cuidar y promover el bien común de la “polis”. Juan Pablo II señaló en Bolivia: “En la búsqueda del bien común, la doctrina de la Iglesia adopta como criterio prioritario la preocupación por los más desposeídos y necesitados”. (13. 5. 1988).

2      Tríada generadora: solidaridad, participación, subsidiaridad

Podemos hablar de tríada generadora porque impulsa una dinámica social integradora y positiva y promueve una convivencia fraterna, proactiva, corresponsable.

2.1. Solidaridad

Según Juan Pablo II, es “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común” (SRS 38). El Concilio Plenario agrega: “es una consecuencia de la naturaleza social del ser humano, así como de la igualdad fundamental entre las personas (…) uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la organización social y política (CIGNS 103). Una interpretación cristiana del ser humano postula la desaparición de injustas desigualdades socio-económicas y de la pobreza. Ser solidario es sentirse prójimo (proximus) del otro y copartícipe de su suerte, no como algo secundario, sino como exigencia básica humana y cristiana. Es muy iluminadora en este sentido  la descripción del Juicio Final y el criterio de solidaridad que allí aplica  el Señor Jesús (Mt 25, 31-46: “tuve hambre y me dieron-no me dieron de comer…)”.                                                                        

 La solidaridad tiende puentes de compartir; rompe las barreras del individualismo, del egoísmo. Orienta actitudes y comportamientos en la convivencia social hacia un horizonte de fraternidad, de comunión. No basta evitar hacer el mal; debemos hacer el bien. Alguien ha dicho:”el mundo anda como anda, no por lo que los malos hacen, sino por lo que los buenos dejan de hacer (pecados de omisión). 

 2.2 Participación

La participación deriva de la condición del ser humano como libre y social. Llamado, por tanto, a edificar la convivencia de modo activo y corresponsable. Asumiendo la parte que le corresponde en la tarea común. La falta de participación puede venir del poder económico, político, cultural, que cierra las puertas a la intervención de los ciudadanos, o también de éstos en cuanto no asumen la  tarea que les corresponde en la construcción de una  “nueva sociedad”.  Alguien dijo: no hay que esperar que nos compongan el mundo; tenemos que componerlo.

Exigencia fundamental de la democracia es una activa y efectiva  participación de los ciudadanos. Ésta no se reduce a intervenir en un proceso electoral; implica, en efecto, un trabajo sostenido, constante. La Constitución nacional dice: “El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables” (Art. 6). “Es y será” significa también: “debe ser” y “hemos de trabajar porque lo sea”. 

En lo que respecta a la Iglesia, San Pablo habla de ésta como “cuerpo de Cristo”, en que todos los miembros tienen una función propia y han de ejercerla en bien del conjunto. La siguiente frase aclara el camino de la participación: “Al hay que es preciso sustituirlo por el tengo que y entrar en acción para poder decir estoy en”.  La comunidad como casa común tenemos que levantarla juntos.     

2.3. Subsidiaridad

El principio de la subsidiaridad “exige –leemos en el Concilio Plenario (CIGNS 106)- que las personas, las familias y las comunidades menores  conserven su capacidad de acción ordenándola al bien común, y que el Estado y las diversas ramas de éste, realicen  sólo lo que aquellas no están en capacidad de ejecutar”.  Con esto se logrará más eficiencia social y la situación del país será más feliz y próspera.

En los sistemas dictatoriales y totalitarios el Estado tiende a acaparar la acción de los ciudadanos y sus organizaciones, para  fortalecer el poder central. Se cae así en un centralismo monopolizador e ineficiente, que acaba o debilita la participación de los ciudadanos, considerados entonces como simples ejecutores de  decisiones.

Como expresiones del principio de subsidiaridad se pueden señalar también el llamado “federalismo”  y la política de descentralización, que propician una efectiva desconcentración del poder, acercándolo en cuanto posible a los ciudadanos; se fortalecen así  los niveles inferiores de poder (regional, estadal, municipal…) y los cuerpos sociales intermedios (instituciones, asociaciones, gremios…). Se ha de procurar en todo caso la debida articulación de estas diversas instancias con miras a asegurar el bien común.

Lo que puede hacer el pequeño no lo debe asumir el grande. El nivel superior no margine al inferior ni tampoco deje de atenderlo en sus limitaciones; y éste no se inhiba descargando su responsabilidad en aquél. Esto vale para lo micro y para lo macro de un mundo globalizado.

3. Hacia una “nueva sociedad”.

Por “nueva sociedad” como símbolo, metáfora o concepto “utópico”,  podemos designar el tipo de  sociedad deseable que debemos construir y se tendrá como realidad  histórica siempre perfectible.   

El término “nueva sociedad” según hemos ya visto se toma también como sinónimo de uno  de los objetivos o dimensiones de la misión de la Iglesia (evangelización), a saber, el que se refiere al compromiso social del cristiano. Ello pone de relieve como éste comprende no sólo la ayuda asistencial ante necesidades inmediatas (obras así llamadas “caritativas”), sino también lo promocional (ejemplificado con el “enseñar a pescar”) y, todavía más, el trabajo por cambios estructurales sociales, que busquen soluciones de fondo a las injusticias, inequidades y desequilibrios hacia un desarrollo integral compartido de la sociedad.   

El Concilio Plenario de Venezuela produjo un documento muy significativo al respecto, que tiene, por cierto, un título sugerente: Contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad. Allí encontramos en relación a ésta una serie de principios, criterios y orientaciones de la DSI aplicados a nuestro país. Los Papas Pablo VI y Juan Pablo II difundieron el término Civilización del amor  como sinónimo de “nueva sociedad”. 

¡Salvaguardar la comunidad!

Reproducimos a continuación parte del curso introductorio sobre Doctrina Social de la Iglesia escrito por Mons. R. Ovidio Pérez Morales.

 

1. La primera comunidad: la familia.

La familia es la célula fundamental de la sociedad; el elemento o componente básico, la unidad primera. Dios no creó al ser humano como solitario, sino que: “macho y hembra los creó” (Gn 2, 27). Esta diversidad entitativa, sexualmente caracterizada,  expresa la condición social del hombre. El ser humano surge y se desarrolla en el seno de una convivencia estructurante, que es  primariamente la de una familia, léase, maternidad, paternidad, filiación-fraternidad. En ésta se alimenta, aprende a hablar, se integra en una determinada cultura y va creciendo en los diversos aspectos de su ser humano, estructura su “ser”. La familia es la comunidad primaria en la cual se da este proceso de socialidad. Por eso del bien-ser y de la buena marcha de la familia depende de modo inimaginable el bien-ser y la buena marcha de la sociedad. Una de las grandes debilidades de nuestro país es la fragilidad de la familia.

La familia es, por consiguiente, la primera escuela; y los padres, los primeros maestros. Esto,  de modo necesario: sea buena o mala la familia,  sean buenos o malos o estén ausentes los padres.  La familia es la primera escuela de la fe, de la democracia, del trabajo y de tantas cosas más; en ella se debe experimentar reconocimiento y  aprender a ser libres, justos, honrados, responsables, solidarios, con sana conciencia moral, creyentes y religiosos. Por eso la familia debe ser muy bien atendida por el Estado, por la Iglesia, por la entera sociedad. La familia cristiana se considera “iglesia doméstica”, la Iglesia más pequeña, donde se comienza a conocer, venerar y alabar a Dios y a Jesucristo el Señor; allí comienza la formación de cristianos, creyentes.

2. La comunidad política

El término “político” viene del griego “polis”, que quiere decir ciudad, conglomerado, comunidad amplia. “Político” (público) es un adjetivo que significa lo referente  a la ciudad, lo que interesa a ésta, a su marcha, a lo “público”. Más adelante veremos otros sentidos de “político”.

La comunidad familiar no existe sola; desde que el mundo es mundo se agrupa en  sociedades mayores (tribus, caseríos…), que constituyen agrupaciones políticas. Se habla, sin embargo,  más estricta y precisamente, de “comunidad política”, para designar, no sólo una agrupación más grande y estructurada, con sus órganos de servicio y dirección, con sus normas y autoridad, sino también una modalidad cualitativamente novedosa por sus fines, para articular lo irreductible de cada persona y lo específico del Bien Común.  

La comunidad política (con-vivencia en “polis”), es algo connatural  al ser humano, creado para con-vivir, en encuentro social. El con-vivir de los animales (manadas) se produce por vía del instinto; en el caso del ser humano indudablemente hay manifestaciones instintivas, pero  su convivencia verdaderamente tal es fruto de actitudes y comportamientos conscientes, responsables, que hacen de la comunidad y la sociedad una “polis” verdaderamente humana, fraterna, pacífica. Por ello en la familia, en la escuela y a través de otros medios,  la persona tiene que ser educada para el compartir, el encuentro. Dios nos ha creado no sólo para co-existir, sino para constituir una fraternidad digna de creaturas suyas, de hijos de Dios. Esto lleva a una verdadera felicidad individual y social.

El ser humano que es libre, pero con una libertad condicionada,  limitada, frágil, más aún, pecadora; por ello la convivencia política tiene que ser fruto de un esfuerzo sostenido y de no pocos sacrificios, que permitan vencer el egoísmo individual y grupal, y lo que el mal moral  (pecado)  produce (recordemos pecados capitales como la  soberbia, la avaricia, el odio, la envidia).

3, Estado, sociedad y persona

Se habla de “Estado” cuando se da una comunidad política más organizada, jurídicamente estructurada y soberana en el ámbito internacional.  Venezuela es un Estado como lo son también los países que integran la ONU. No toda nación es un Estado (caso de las naciones en la antigua Yugoeslavia, luego estados).

Un Estado suele tener su Constitución o Carta Magna, que establece los lineamientos fundamentales de  su vida y funcionamiento. Los ciudadanos, como poder originario de la misma,  debemos conocer nuestra Constitución para  una participación política responsable.

El Estado ha surgido y tiene su razón de ser en su servicio a la persona y a la comunidad de las personas, al bien común de la entera sociedad. Es así como los Derechos Humanos no son ningún regalo o concesión del Estado; éste debe reconocerlos, defenderlos, promoverlos. La persona es anterior al Estado. El “estatismo” (característico de totalitarismos, dictaduras y sistemas afines) es el proyecto o sistema político e ideológico que mantiene la supremacía del Estado respecto de las personas y de la sociedad en su conjunto, como si fuese dueño de ellas. Así, quienes están en el poder no actúan como representantes, delegados, servidores de la ciudadanía y bajo su control, sino como sus portavoces, “benefactores” y “padres”.  El estatismo no favorecen un desarrollo integral compartido; propicia el clientelismo y  la corrupción.

Una sociedad democrática genuina se caracteriza por la presencia activa de los ciudadanos, que toman en sus manos y co-organizan, según sus capacidades y oportunidades, su sociedad, su comunidad política.

Debemos distinguir entre Estado y Gobierno, que es órgano de aquél. El Estado permanece y los gobiernos pasan. Un ejemplo nos puede ilustrar: los Medios de Comunicación Social del Estado son de éste y no del Gobierno, el cual no los  debe usar como si fuesen propios  o, mucho menos, del partido oficial en el poder; deben estar al servicio de toda la ciudadanía. Hay Estado y  Poderes del Estado, cuya separación efectiva, en el marco de la debida colaboración, establece la Constitución y reclama la democracia. En Venezuela el Poder Público se distribuye entre el Municipal, el Estadal y el Nacional, dividido éste en Legislativo, Ejecutivo, Judicial, Ciudadano y Electoral.  

Persona humana: ¡un ser maravilloso!

Reproducimos a continuación parte del curso introductorio sobre Doctrina Social de la Iglesia escrito por Mons. R. Ovidio Pérez Morales.

 

1. Dignidad y centralidad. Derechos y deberes humanos.

Una de las enseñanzas fundamentales de la Revelación cristiana es la dignidad y grandeza de los seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios y como centro de la creación; el mundo es puesto a su servicio (véase Gn 1,26-27). El ser humano vale y debe ser apreciado en sí y por sí mismo (no simplemente por lo que tiene, hace o produce); es fin en sí y no debe ser tratado entonces como un instrumento, un útil o un medio para lograr algo.

 La persona humana ocupa un papel central en el mundo: es y ha de ser “el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales” (GS 25). Su ser, desarrollo y destino han de ser preocupación central en todo lo referente a la organización y funcionamiento de la convivencia social.

La persona es portadora de derechos que le pertenecen intrínsecamente, y que son, por tanto, inalienables, como el derecho a la vida. La Organización de las Naciones Unida aprobó en 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Éstos no son regalo de ningún ser, grupo o poder humano. Pertenecen al ser humano, creado por Dios con esos derechos. Ellos ocupan un lugar prioritario en la DSI. Han de ser respetados, promovidos, defendidos por todos los miembros de la comunidad humana, por la sociedad; y por todo Estado. Junto a los derechos individuales están los de las comunidades y de los pueblos. Tenemos que conocer y hacer valer todos estos derechos.

Somos portadores de derechos, pero también de deberes. Hemos de exigir y exigirnos. A la actitud defensiva hay que acompañarla de una proactiva, que insiste en lo que a la persona le corresponde hacer en favor del prójimo y en la realización del bien común.

 

2. Ser complejo: cuerpo-espíritu, sujeto-social

Los humanos somos como un pequeño mundo (microcosmos); integramos muchas realidades en nosotros mismos. En primer lugar somos corporales, materiales, como las piedras, los árboles; por ser corporales necesitamos aire, alimentación, movimiento.  El Génesis habla del ser humano como hecho del “polvo de la tierra” (Gn 2, 7).

Pero somos también espirituales. Tenemos un alma espiritual y por eso poseemos inteligencia y voluntad, libertad. Somos capaces de razonar y de decidir. Nuestro conocimiento es no sólo sensible como el de los animales (ver, olfatear), sino también intelectual (investigar, discutir). Y no sólo apetecemos lo sensible como aquéllos, sino que también nos forjamos ideales, valores por los cuales luchamos, admiramos la belleza, anhelamos la felicidad.  El amor humano, de sólo posesivo puede pasar a ser oblativo (amistad genuina, entrega desinteresada a personas y causas nobles) y llegar a la unión con Dios.

Somos sujetos, con un yo individual. Tenemos una intimidad en la que nadie puede penetrar. Somos individuos conscientes y libres, “capaces de…”, responsables de nuestras acciones, de nuestra vida. Pero somos sociales; estamos constituidos para vivir en relación, comunidad, comunión: yo-tú-nosotros-él-ellos (ver Gn 1 y 2). Hemos sido fruto de una relación (engendrados); nacemos y nos desarrollamos siempre relacionándonos. Nadie se hace solo. Hemos sido creados como ser-con-y-para--los-demás; la relación interpersonal es condición, vocación y misión. De aquí lo significativo y exigente del “mandamiento máximo” de Jesús: el amor. La Revelación cristiana nos manifiesta al Dios único como Trinidad, comunión, de la cual la comunidad humana viene a ser reflejo, imagen y semejanza.

 

3. Conciencia moral y apertura religiosa

Lo que nos manifiesta mejor como personas, y expresa lo más digno de nosotros mismos, es nuestra capacidad y apertura moral y religiosa. Por nuestra conciencia alcanzamos a discernir lo bueno y lo malo de nuestra conducta; lo que corresponde a nuestro verdadero bien, a nuestra dignidad de personas o nos aleja de ello; lo que nos une solidariamente a los demás o nos separa y distancia. Llevamos escrita esta “ley” moral en nuestro interior. Somos “animales éticos” en cuanto llegamos a conocer el sentido y valoración de nuestras acciones para nuestra verdadera realización y felicidad, y no sólo de lo que significan, por ejemplo, de productivas en lo económico o útiles en lo político.

Somos capaces aún de ir más allá: conocer, en algún modo, a Dios a través de las creaturas, como su autor y su fin; y capaces también de entrar en relación con El, reconocerlo y alabarlo. Por eso se dice que el ser humano es un “animal religioso”, porque puede “trascender” lo visible para acercarse, identificar al Invisible que nos ha creado, nos sostiene con su providencia   y hacia quien hemos de orientar nuestros pasos en actitud de adoración, obediencia, agradecimiento. La religión es tan antigua como el ser humano, y la Revelación cristiana abre escenarios insospechados de   “gratuidad” divina y plenitud humana.

Frente a las adversidades, optimismo

En Copei hay claridad en que el país vive momentos graves, delicados, pero sin asumir papel de profetas del desastre, sin aires apocalípticos. De las dificultades actuales podemos salir si hacemos lo que se debe, y los plazos no tienen por qué ser tan lejanos.

Mantenemos el optimismo y la confianza propios del liderazgo que siempre ha ejercido Copei. Naturalmente que es una apuesta a la inteligencia del venezolano, y una expresión de autoestima socialcristiano. Convicción de que se tiene un gran partido, excelentes recursos humanos e ideas claras. No para un intento de asalto hegemónico al poder sino para convocar grandes entendimientos en torno a la Venezuela que queremos al comenzar el milenio.

(Pedro Pablo Aguilar, El Universal  28-05-1997)


La paz: don que Dios confía a los hombres

La paz es un don que Dios confía a la responsabilidad humana, para que lo cultive a través del diálogo y el respeto de los derechos de todos, la reconciliación y el perdón. La verdad de la paz llama a todos a cultivar relaciones fecundas y sinceras, estimula a buscar y a recorrer la vía del perdón y la reconciliación, a ser transparentes en las negociaciones y fieles a la palabra dada. ¡Oremos, por tanto, para que se emprenda con valentía el camino de la paz y lo sigan con perseverancia!

(Papa Benedicto XVI)


Para alcanzar el bien común se necesita un esfuerzo en conjunto

El mundo es cada vez más pequeño y más intercomunicado. Una epidemia en cualquier país del mundo difícilmente deja de extenderse hacia otras áreas geográficas y quizás al mundo entero. La justicia social reclama, de cada uno de los países y de los pueblos, un esfuerzo en el cumplimiento de deberes y obligaciones para que se pueda lograr el bien común. El bien común universal podría definirse, con términos del filósofo español Francisco de Vitoria, como “la convivencia pacífica para la prosperidad y el bienestar de todos”. Para lograr ese bien común universal es necesario cumplir determinadas normas y si, citando a Pío XII, la justicia social exige lo necesario para el bien común, el bien común universal impone el reconocimiento de la justicia social internacional.

Fuente: Justicia Social Internacional de Rafael Caldera



Derechos Humanos: bienes inquebrantables

Todas    las personas tenemos necesidades básicas comunes, que se traducen en derechos humanos fundamentales: el derecho a la propia identidad, a la supervivencia, a la educación a expresarnos     con libertad y a    ser tratados con dignidad y respeto, por ejemplo. Cuando       estas necesidades fundamentales no se satisfacen nos encontramos frente a inequidades, que pueden darse tanto    en los    países   industrializados como en  países       en desarrollo. Lo que convierte estas situaciones      en injusticias es que  pueden ser evitadas: no  se trata de problemas irresolubles a los que no podamos hacer frente, sino que a       menudo han sido provocados  por  personas y persisten porque mucha gente se desentiende de ellos. La decisión de promover o negar la justicia social está en manos de       las personas, ya sea a escala individual, local, nacional   o mundial.



Los Corruptos apestan

“El juez que me ha     precedido ha       usado    una palabra que se    usa mucho hoy en día y que yo quiero   retomar:  "corrupción". Díganme     ustedes: si nosotros cerramos las       puertas a los inmigrantes, si quitamos el trabajo y la  dignidad a las personas ¿Cómo le llaman ustedes    a esto? Se llama corrupción, y todos tenemos la oportunidad de ser corruptos. Ninguno de nosotros puede decir: "Yo nunca   me voy a dañar". Es una tentación, es un simple resbalón el que nos hace caer en   el negocio fácil, en     la delincuencia, en el crimen, en la explotación de las personas. ¡Cuánta corrupción hay en el mundo! Es una palabra tremenda,      si la pensamos un poco. Porque     una cosa corrompida es algo asqueroso. Si      encontramos un animal muerto que se está corrompiendo, que está "corrupto",    es feo, fétido, huele demasiado mal. ¡La corrupción apesta! ¡La sociedad corrupta apesta! Un cristiano que deja  entrar     en su     alma la corrupción      no es       cristiano apesta” (Papa Francisco, 21-03-2015).


Igualdad y respeto para las mujeres

"Todo    el que    considere la justicia    en el mundo como un objetivo importante está invitado a ponerse de manera clara y terminante al lado de los     que luchan por los derechos legítimos de las mujeres: por una formación profesional adecuada,      por su igualdad política y social, por un trabajo      realizable en condiciones  humanas. En este sentido,       el Papa Juan Pablo II invita     a las mujeres       a avanzar por      el camino de la emancipación, aún incompleto, pide perdón    por los “pecados históricos      y actuales” contra las mujeres que       cometieron numerosos “hijos de la Iglesia” y exhorta a los varones a participar  ·en el       gran       proceso de liberación de la mujer”. Parece que hoy en     día estamos llegando al fin      de una   fase en que se comienza a respetar      y valorar las  diferencias entre el varón y  la mujer de modo más profundo. En la era de las emancipaciones,       lo más       importante era destacar la superioridad de un     sexo sobre el       otro. Afortunadamente, en   la actualidad,       en lo que se refiere    a la relación entre el   varón     y la mujer, nos encontramos en camino hacia una etapa, que    podríamos llamar la    “etapa    de una colaboración real”       que enriquece a ambos.    Son cada vez      más las personas que coinciden en exigir     que se tome en serio  la personalidad femenina (…) Muchos han descubierto, después de una larga época de discusiones vehementes y dolientes, que el       reconocimiento de la diferencia constituye   precisamente       una condición necesaria para lograr    la felicidad en la vida de la comunidad". (Jutta Burgraff: Teóloga alemana autora del libro Vivir y convivir en una sociedad multicultural).


Derecho a la protesta. No a la resolución 8610

1. Que   el Ministerio  del Poder Popular para la Defensa derogue la Resolución No.008610, por tratar sobre un ámbito de reserva legal, y en su lugar se abra un debate parlamentario con participación de los    diversos sectores de la sociedad para regular estos temas.

 

2. Que   el Ministerio  del Poder Popular para la Defensa se abstenga de enviar a efectivos de las Fuerzas Armadas al control de manifestaciones públicas, tarea que en su lugar debe ser  asumida íntegramente por los cuerpos policiales.

 

3.Que    la Defensoría      del Pueblo emprenda una acción de nulidad en contra de      

la Resolución      No.008610, por ser violatoria de la Constitución.

 

4. Que   el Ejecutivo Nacional establezca mecanismos de       diálogo y concertación para canalizar las demandas ciudadanas expresadas legítimamente mediante el derecho a la manifestación      pacífica.

(Comunicado       de la CEV y otras organizaciones ante la resolución 008610 del Ministerio de   la Defensa, publicada en la Gaceta Oficial   del 27    de enero de 2015)


La corrupción: mal común entre los gobernantes

"Entre las deformaciones del sistema democrático, la corrupción política es una de las más graves porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia social; compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones. La corrupción distorsiona de raíz el papel de las instituciones representativas, porque las usa como terreno de intercambio político entre peticiones clientelistas y prestaciones de los gobernantes. De este modo, las opciones políticas favorecen los objetivos limitados de quienes poseen los medios para influenciarlas e impiden la realización del bien común de todos los ciudadanos". (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, N. 414)

El Socialismo: un error de base

"El error fundamental del socialismo es de carácter antropológico.  Efectivamente, considera a todo hombre como un simple elemento y una molécula del organismo social, de manera que el bien del individuo se subordina al funcionamiento del mecanismo económico-social. Por otra parte, considera que este mismo bien puede ser alcanzado al margen de su opción autónoma, de su responsabilidad asumida, única y exclusiva, ante el bien o el mal. El hombre queda reducido así a una serie de relaciones sociales,  desapareciendo el concepto de persona como sujeto autónomo de decisión moral, que es quien edifica el orden social, mediante tal decisión. De esta errónea concepción de la persona provienen la distorsión del derecho, que define el ámbito del ejercicio de la libertad, y la oposición a la propiedad privada. El hombre, en efecto, cuando carece de algo que pueda llamar «suyo» y no tiene posibilidad de ganar para vivir por su propia iniciativa, pasa a depender de la máquina social y de quienes la controlan, lo cual le crea dificultades mayores para reconocer su dignidad de persona y entorpece su camino para la constitución de una auténtica comunidad humana".

 (Juan Pablo II, Centesimus Annus, 13).


La Iniciativa económico y su influencia en el bien común

"En la actualidad, entre otros derechos, es reprimido a menudo el derecho de iniciativa económica. Se trata de un derecho importante no sólo para el individuo en particular, sino además para el bien común. La experiencia nos demuestra que la negación de tal derecho, o su limitación en nombre de una pretendida «igualdad» de todos en la sociedad, reduce o, sin más, destruye de hecho el espíritu de iniciativa, es decir, la subjetividad creativa del ciudadano. En consecuencia, surge no sólo una falsa igualdad, sino una «nivelación descendente». En lugar de la iniciativa creadora nace la pasividad, la dependencia y la sumisión al aparato burocrático que, como único órgano que «dispone» y «decide» de la totalidad de los bienes y medios de producción, pone a todos en una posición de dependencia casi absoluta, similar a la tradicional dependencia del obrero-proletario en el sistema capitalista. Esto provoca un sentido de frustración o desesperación y predispone a la despreocupación de la vida nacional, empujando a muchos a la emigración y favoreciendo, a la vez, una forma de emigración «psicológica»". 

(Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 15)


CONOCE al Partido Social Cristiano COPEI

¿Quiénes somos?:

Somos el partido social cristiano de Venezuela. Somos los representantes de la Democracia Cristiana venezolana; no solo por la etiqueta de llamarnos así, sino porque nuestra historia como organización política al servicio del Pueblo venezolano así lo ha demostrado y porque así lo han querido nuestros líderes fundadores, quienes desde su legado, nos emplazan a mantenernos firmes en el tiempo; tiempo alimentado por las continuas generaciones de hombres y mujeres sacrificados por la causa social cristiana desde antes de 1946. COPEI son las siglas del “Comité de Organización Política Electoral Independiente”

 

La Historia de nuestra organización política:

 

COPEI nace como un partido ideológico y se proclama como tal, desde su misma fundación el 13 de enero de 1946. Nació para brindar a los venezolanos una plataforma política para las elecciones de la Asamblea Constituyente del 27 de octubre de 1946. De allí se deriva su nombre fundacional "Comité de Organización Política Electoral Independiente" cuyas siglas es COPEI.

No obstante, su consolidación definitiva como partido político surge propiamente en su III Convención Nacional en marzo de 1948, en la cual, se definió el partido como Social Cristiano, conservando sus siglas COPEI. COPEI apareció para que las elecciones prometidas al pueblo por la Revolución de Octubre de 1.945 no constituyeran una farsa más sino que se cumplieran por la participación libre y ordenada de los ciudadanos.

La historia de COPEI, tiene sus antecedentes inmediatos en la Unión Nacional Estudiantil, conocida como U.N.E.. La UNE, nació en 1936, producto de una división de la Federación de Estudiantes de Venezuela (F.E.V.), en razón del desacuerdo de un grupo de estudiantes por una decisión de la F.E.V., que solicitó al gobierno la expulsión de los jesuitas y demás órdenes religiosas establecidas en el país. Posición que fue rechazada por una parte de la dirigencia de la misma, entre quienes se encontraban: Rafael Caldera, Víctor Jiménez Landínez, Hugo Pérez La Salvia, José Lara Peña y otros.

De la U.N.E. surgen varias organizaciones políticas predecesoras de COPEI; en 1.938 algunos de éstos fundadores se congregan en el partido regional Acción Electoral (A.E.), legalizado en el Distrito Federal el 20 de Octubre de ese mismo año.El 18 de Octubre de 1.945 se produce el movimiento liderado por jóvenes oficiales del Ejército y con el activo respaldo del partido Acción Democrática (A.D.); Rafael Caldera es nombrado Procurador General de la Nación por la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por el líder de A.D., Rómulo Betancourt.

En 1.946 la Junta de Gobierno convocó a elecciones para organizar una Asamblea Nacional Constituyente, por lo cual Caldera y sus seguidores, empleando las bases políticas redactadas por el Comité de Inscripción Electoral, fundan en los altos de la Lavandería Ugarte, ubicada en la tradicional parroquia caraqueña de “La Candelaria”, en la fecha anteriormente señalada, a COPEI como el movimiento político que ha de convertirse en el devenir de la historia democrática venezolana en uno de los baluartes y pilares fundamentales de la misma. Entre los años 1946-1948 no sólo se funda el movimiento, sino que se fundamenta ideológicamente.

El partido se declara desde un principio como partido democrático, reconoce y auspicia la participación del pueblo en la determinación de su destino político, como su canalización pluralista, libre y abierta a través de los partidos políticos. COPEI desde sus comienzos, proclama su adhesión a los ideales democráticos y fue factor fundamental en la construcción de la etapa democrática que se abrió a partir de 1945 y que truncada durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se reabre en 1958 con la caída del dictador el 23 de Enero de ese mismo año.

Destaca a lo largo de su historia su lucha por los derechos sociales, comenzando por el derecho al trabajo y la promoción de una legislación laboral que reconozca la estabilidad del trabajador, el derecho a la huelga y la sindicalización en torno al principio de la libertad sindical, como el establecimiento de un sistema de seguridad social, donde se proteja a la madre y el niño, la participación de la mujer y el reconocimiento del derecho a la educación en sus diversos niveles, defensa de la autonomía universitaria y protección al magisterio, todo ello de acuerdo al postulado de la libertad de enseñanza y la protección y estímulo de la educación pública y privada en procura de cómo lo dice su lema “Por la Justicia Social en una Venezuela mejor”.

En la dimensión propiamente económica, COPEI reconoce y defiende el derecho de propiedad, bajo la exigencia del cumplimiento de su función social, estimula la iniciativa privada y reconoce el principio de la intervención subsidiaria del Estado, dentro del postulado de la protección y fomento de los sectores agrícolas, industriales y comerciales del país.

Es notable la influencia de la doctrina social de la Iglesia en los documentos de índole ideológica de COPEI. El hecho de que la generación fundadora fuese socializada dentro de los principios de la acción católica dio lugar a este vínculo. En el período 1958-1970 se abre con la institucionalización democrática que se inicia el 23 de enero de 1958. Fecha en la cual se sella un compromiso político partidista para la consolidación de la democracia en Venezuela, que se consolida con la firma del Pacto de Punto Fijo, el 31 de octubre de ese año. Los partidos COPEI, Acción Democrática y U.R.D., acuerdan un programa mínimo común y un gobierno de unidad nacional. Se comprometen a defender la constitución y el derecho a gobernar conforme a los resultados electorales. Durante este período se desarrolló en Venezuela el movimiento guerrillero insurreccional auspiciado por el régimen de Fidel Castro en Cuba, el cual buscaba implantar en el país por la vía de la fuerza un gobierno de corte marxista-leninista al estilo de la revolución cubana. La posición predominante en el partido considera que el cambio revolucionario pasa por el camino democrático y tiene su enemigo antagónico en el comunismo.

En el año 1.968, ya consolidado el sistema democrático COPEI gana por primera vez la preferencia del electorado y en las elecciones de Diciembre de ese año, Rafael Caldera es electo Presidente de la República, iniciando así el primero de los dos gobiernos democristianos que ha tenido Venezuela. Gran logro de la naciente etapa democrática, donde por vez primera en la historia republicana, un presidente entregaba el gobierno a un contrincante de oposición sin ningún tipo de traumas o movimientos armados. El gobierno de Rafael Caldera (1.969 – 1.974) se caracterizó entre otras cosas por sacar a Venezuela del aislacionismo que significó la “doctrina Betancourt”, la cual no permitía las relaciones bilaterales con naciones donde estaban establecidos gobiernos de facto o totalitarios bien hayan sido de izquierda o derecha. Así mismo se estableció la Política de Pacificación con los sectores de ultra izquierda que se encontraban fuera del marco legal en los movimientos de guerrilla; gracias a esta acción directa del gobierno demócrata cristiano del Presidente Caldera, se legalizaron de nuevo partidos políticos como el Partido Comunista de Venezuela entre otros y el surgimiento de nuevas alternativas políticas con orientación de izquierda como lo fue el caso de la fundación del Movimiento al Socialismo. Entre sus grandes obras debemos recordar el Poliedro de Caracas, el Aeropuerto Internacional La Chinita en Maracaibo, el nuevo edificio sede del Ministerio de Educación, la construcción de viviendas, la Ley de Reversión de la Industria del Gas Natural, entre otras.

Luego de perder las elecciones generales del año 1.973 con el candidato Lorenzo Fernández, COPEI comienza una etapa de reorganización y emerge el nuevo liderazgo del para entonces Senador Luis Herrera Campíns, quien fue postulado por el partido como su candidato presidencial para los comicios de Diciembre de 1.978, en los cuales resulta vencedor y donde por vez primera la Democracia Cristiana pasa a ser la primera mayoría en el Congreso.

Esta nueva etapa se inicia en un momento en el cual el mundo atraviesa una crisis energética gigantesca, la que produce un incremento elevado en los precios del petróleo, principal fuente de ingresos de la nación y la cual es aprovechada para erigir grandes obras de infraestructura para modernizar al país, entre las que podemos citar: el Complejo Cultural Teresa Carreño, la primera etapa de la línea 1 del Metro de Caracas, el nuevo Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, los complejos deportivos Naciones Unidas y Parque Miranda en Caracas, el Estadio Brígido Iriarte, la culminación del complejo Parque Central en Caracas, múltiples complejos habitacionales en todo el territorio nacional, así como también la ampliación de arterias viales, entre otras obras de gobierno.

Lamentablemente la posterior caída de los precios del petróleo y la fuga de capitales por la cual atravesó el país, originaron una crisis económica que llegó a su clímax en Febrero de 1.983, fecha en la cual el gobierno tuvo que adoptar medidas económicas entre las cuales se incluyó la devaluación de la moneda y la implementación de un control cambiario. Esta crisis, entre otras cosas originó la derrota electoral en los comicios de Diciembre del mismo 1.983 y el inicio de otra etapa partidista, de nuevo en la oposición.

Luego de las elecciones presidenciales de 1.988, donde a pesar de no lograr la presidencia de la república, COPEI junto a su candidato el para entonces Secretario General Eduardo Fernández, obtiene tres millones de votos que se traducen en el 42% del electorado, representando el más alto porcentaje electoral hasta entonces. De esta manera, convertido en la más fuerte organización de la oposición en Venezuela, sale en defensa del sistema democrático en aquellas dos madrugadas sangrientas que representaron los dos Golpes de Estado, ocurridos el 04 de Febrero y el 27 de Noviembre de 1.992. En el plano parlamentario, COPEI jugó un importante papel en la elaboración de la Ley de Descentralización, aprobada por todos los sectores políticos en el año 1.989, la cual permitió la elección directa de gobernadores de estado, alcaldes y concejales a partir de Diciembre de ese mismo año, así como el surgimiento de un nuevo escenario político en Venezuela con la aparición de los liderazgos regionales, que comenzaron a dar frutos a partir de las siguientes elecciones presidenciales donde entre los cuatro principales candidatos figuraban dos gobernadores y un alcalde.

Para el año 1.993 se produce una reforma estatutaria que permitía la escogencia del candidato presidencial a través de unas elecciones primarias, abiertas a la participación de todos los venezolanos inscritos en el registro electoral. Más de dos millones y medio de venezolanos acudieron a esta invitación y por amplia mayoría decidieron que el candidato sería Oswaldo Álvarez Paz, para entonces gobernador del estado Zulia; sin embargo, el principal invitado, el líder fundador del partido Rafael Caldera, decidió no participar y posterior a la realización de las primarias, anunció su sexta candidatura presidencial pero en esta ocasión autoexcluyéndose de las filas del partido y fundando un movimiento electoral propio además de aceptar el apoyo de grupos anteriormente antagónicos a él como lo eran los partidos de izquierda y ultra izquierda, con los cuales en unos comicios muy divididos obtiene por segunda vez la primera magistratura y ocasionando una erosión significativa en los resultados electorales de la Democracia Cristiana en el país.

Este quinquenio de Caldera transcurre dentro de una gran crisis política, social y económica; una gran crisis financiera marca el inicio de su gobierno, así mismo crece el descrédito de los partidos políticos venezolanos que no habían renovado sus estructuras y todo esto es aprovechado por el grupo militares golpistas de 1.992 quienes a última hora deciden participar para las elecciones presidenciales de 1.998 con el Teniente Coronel Hugo Chávez como candidato para dichos comicios. Su discurso encendido y populista le genera dividendos logrando su meta; a partir de su toma de posesión inicia todo un proceso en procura de la reorganización del Estado, convocando a una Asamblea Nacional Constituyente con la finalidad de elaborar una nueva Carta Magna a su imagen y semejanza. Desde 1.998, COPEI ha estado siempre apegado a su condición democrática, en defensa de la independencia de los poderes públicos, de la seguridad jurídica, del estado de derecho, de la libertad de expresión; procurando ofrecer una alternativa sólida y viable de un nuevo país, una nueva democracia que le haga frente a las convicciones totalitarias y continuistas del régimen instaurado desde entonces

 Complemento Final:

Actividad en Grupos: Relacionar distintos escenarios, problemas y/o soluciones de los problemas de la sociedad venezolana actual a la luz e interpretación de las características, posiciones, principios y valores de la Democracia Cristiana.

Video: Documental “El Poder de la Humildad” Luis Herrera Campins; Serie Lideres, Cinesa.

CONOCE: Características y Posiciones Fundamentales de la Democracia Cristiana

Nuestro nombre, Democracia Cristiana:

        Ser demócratas cristianos no es la suma de ser demócratas y de ser cristianos. Podemos encontrar en la vida política y social, a individuos u  organizaciones que son demócratas, que también son cristianos y sin embargo no son demócratas cristianos. Este nombre de adopto con la intención de identificar un mensaje ante la opinión pública y de dar respuestas inmediatas a los pueblos angustiados, desorientados y espiritualmente vacios de la Europa post guerra (1945). Esta respuesta debía ser muy clara, y presentarse con una etiqueta bien definida; por ello el nombre de la Democracia Cristiana, se impuso casi como una necesidad.

        Nuestro nombre, Democracia Cristiana, contiene dos elementos obvios: el elemento  democrático y el elemento cristiano. El elemento democrático, es de carácter necesariamente político, pues somos afines a la Democracia como forma de organización del Estado e instrumento necesario para alcanzar nuestras propuestas. Y el elemento cristiano que envuelve un planteamiento de naturaleza filosófica y una posición social frente a la vida. La Doctrina Social de la Iglesia, impone en política un espíritu, no una política. Y por ello el elemento cristiano, impone en nosotros un espíritu de lucha a la luz de los principios y valores del cristianismo. Aunque el elemento cristiano en el plano político se preste a confusión, es importante resaltar que los movimientos demócratas cristianos no son círculos puros de pensamiento y de doctrina, sino grupos de acción. Y la acción política es un enfrentamiento y una atención cercana y constante a los problemas de la sociedad, tarea por tanto, de políticos. Es el ejemplo de Luigi Sturzo, quién debió separase del clero eclesiástico para dedicarse a la actividad política con el Partido Popular Italiano.

        Aunque nuestro nombre se compone de dos elementos, no representan entre sí, ingredientes separados, pues entendemos la Democracia a la luz de la filosofía cristiana y entendemos al cristianismo en su manifestación y vivencia democrática.

 

Nuestra ideología es Aconfesional:

        Esta característica, tiene mucha relación con la anterior, debido a que viene a resaltar que la Doctrina Social de la Iglesia, de la cual nos alimentamos y es base de nuestro pensamiento ideológico, no intenta imponer un orden religioso confesional a los seguidores de la democracia cristiana. Somos aconfesionales, lo que quiere decir, que separamos el credo y la actividad religiosa, de la militancia y la acción política y no auspiciamos la invasión del uno por el otro. No queremos que la política invada el campo específico de la actividad religiosa, ni que la religión invada el campo específico de la actividad política. Es natural que quien tenga su fe en la religión católica, se sienta identificado con la Democracia Cristiana, pero en la historia de nuestra corriente ideológica, han sido muchas las personas que no profesando la religión católica, han militado y actuado con esfuerzo en la Democracia Cristiana, sencillamente porque se han sentido identificados con los valores y principios universales del espíritu de lucha cristiana.

        Debemos admitir que el hecho de llamarnos cristianos entraña para nosotros una grave responsabilidad: nos obliga a esforzarnos por traducir, dentro del campo político y social, el estado de espíritu que supone la inspiración cristiana. Por lo pronto, al plantear una posición que denominamos cristiana, tenemos que insistir en que lo hacemos desde el punto de vista político, sin pretender con ello implicar un credo religioso determinado.

        En nuestras organización demócratas cristianas se deben dar las condiciones para que dentro de ellas puedan militar hombres y mujeres de variadas convicciones religiosas, o sin ninguna denominación religiosa, siempre que acepten la inspiración general de espiritualidad, de solidaridad humana, de dignidad de la persona y de realización de la justicia social y el bien común, que constituyen el fondo vitalizador de nuestra ideología.

 

Nuestro carácter Revolucionario:

       El carácter revolucionario, viene a elevarse dentro de la Democracia Cristiana Latinoamérica. En América Latina, no se trató, como en Europa, de reformar a una sociedad desorientada, con grandes carencias espirituales y motivacionales por el efecto de la Guerra, sino, de transformar de manera profunda y acelerada a los pueblos latinoamericanos, para hacer posible un nivel de vida cónsono con la dignidad humana.

        Los países subdesarrollados, no se conforman con el estatus actual; los pueblos tienen una conciencia cada vez mayor de la explotación e injusticias de las que son victimas, y nos están dispuesta a esperar que la solución de sus agobiantes problemas sociales se produzca mediante la lenta evolución de las fuerzas naturales. La Democracia Cristiana para estos pueblos, es una respuesta revolucionaria sin el signo de la violencia destructiva y sin sacrificio de los Derechos Humanos.

          La Democracia Cristiana ofrece un testimonio de inconformidad. Los demócratas cristianos no estamos conformes con el mundo tal como existe y no estamos ubicados dentro de los grupos comprometidos con la defensa y mantenimiento del orden social existente. Queremos aportar con nuestro esfuerzo, acción y mensaje, una solución distinta a los problemas que enfrenta la sociedad.

      Sabemos que en la mayoría de los pueblos existen grandes contingentes humanos marginados, que no pueden realizar, ni siquiera en medida precaria, las aspiraciones inherentes a la dignidad de su propia persona. Estos marginados carecen de trabajo, que es el elemento fundamental de la organización social. Y al carecer de trabajo, no tienen tampoco, acceso a otros elementos y bienes fundamentales como: alimentación, vestido, vivienda, educación, salud, recreación sana, entre otras. Y lo que es más grave no son estas carencias en sí, sino que dentro de las perspectivas del mantenimiento rígido del orden social actual, carecen hasta de la esperanza razonable de poder modificar su situación en un futuro más o menos cercano.

       Esto reclama un cambio tan profundo, de tanta magnitud y de tanta urgencia, que no se puede aceptar la solución de una mera evolución espontánea y paulatina. Los partidos demócrata cristianos, han de ser revolucionarios porque exigen un cambio rápido y profundo y estos dos elementos, la rapidez y la profundidad del cambio, determinan el concepto de revolución.

   Pero, la revolución demócrata cristiana es radicalmente distinta de la revolución marxista. Debido a que los acontecimientos socio económicos llevados a cabo por el comunismo, han fortalecido la palabra revolución, debemos ser muy claros en este punto, pues dentro de la ligereza, podemos confundir peligrosamente nuestro planteamiento de revolución. Hay que proclamar que planteamos una revolución pacífica, constructiva y democrática. No buscamos el odio como motor, ni deseamos poner al hombre al servicio del Estado.

       Los demócratas cristianos no interpretamos las exigencias de cambio, en la doctrina de los movimientos marxistas. Primero, porque arrancan de una concepción materialista (posesiones); segundo, porque los medios y fines que se proponen no armonizan con la libertad; tercero, porque desde la experiencia histórica, los ensayos marxistas, se han realizado a través de regímenes totalitarios, que arrancan al hombre su libertad, colocándolo en una nueva forma de esclavitud, y ni siquiera desde el punto de vista material llegan a cumplir los objetivos mínimos que ofrecen.

¡Viva la Juventud Revolucionaria Copeyana!

 

Nuestro pensamiento sobre la Democracia:

 

       La Democracia, etimológica y filosóficamente, es gobierno del pueblo. Nosotros los social cristianos, creemos en la Democracia. Y creemos que no se trata de sumar la mitad más uno para ponerla a decidir todo lo relativo a lo social y privar de todo derecho u opinión  a la mitad menos uno. No se trata sólo de mantener la posibilidad de que existan partidos políticos y de que sus representantes se reúnan a deliberar en un  parlamento.

        Los demócratas cristianos, pensamos en una reforma de la Democracia, hacia un sentido mas personalista, pluralista, comunitario y participativo.

       “La tragedia de las democracias modernas, es que aún no han conseguido realizar la democracia” Maritain.

        La Democracia Personalista, significa que dentro del ejercicio de la Democracia, lo primero es el Pueblo. El Pueblo para los demócratas cristianos, representa una comunidad total; no hay exclusiones dentro del concepto; todos formamos el Pueblo.  En lenguaje común, la palabra Pueblo, está relacionada con los sectores más necesitados y desposeídos de la sociedad, pero para nosotros, Pueblo somos todos.

        El Pueblo, es un conjunto orgánico de personas humanas. Por eso, la idea de la persona humana y su dignidad, viene a ser para nosotros elemento fundamental de la idea democrática. No puede haber verdadera Democracia si la persona humana no es respetada. La persona humana es el ingrediente principal del Pueblo y es considerada por nosotros, no como una masa, sino como un sujeto libre, consciente y responsable de sus actos y decisiones.

     Nosotros, por definición, por principio, por esencia, somos no sólo ajenos, sino contrarios a todo lo que envuelva menoscabo o disminución de la dignidad de la persona humana. Por eso, la demagogia, es un recurso incompatible con el pensamiento de la Democracia Cristiana; porque supone, no la elevación del Pueblo, sino su relajación, su corrupción,  su utilización como instrumento para lograr determinados fines; no la elevación de la conciencia, sino la manipulación de instintos y sentimientos primarios, para manipularlos y usarlos en favor o en contra de determinados objetivos.

        Parafraseando las palabras de Lincoln, sobre que la Democracia es gobierno del Pueblo, ejercido por el Pueblo mismo o sus representantes y para el beneficio del Pueblo; para nosotros los demócratas cristianos, y para los demócratas en general, no se puede concebir el ideario democrático, si dentro de ella, el progreso y desarrollo del Pueblo no tiene una orientación final. Desarrollo no es la acumulación de bienes y servicios ni el aumento de la riqueza. Desarrollo es el mejoramiento del Pueblo, basado en la satisfacción de sus necesidades y aspiraciones como comunidad y como personas humanas.

        La Democracia Pluralista, significa que entre el ciudadano y el Estado hay una serie de formas sociales que constituyen el desarrollo normal de la sociedad. Para nosotros la Democracia Pluralista, se puede entender en dos sentidos: A) en un sentido de pluralismo ideológico, en cuanto admite y reclama la expresión de opiniones diversas; y B) en un sentido de pluralismo social, en cuanto significa el reconocimiento de la existencia de formas plurales en la sociedad.

      Admitimos la expresión de ideas distintas, porque la búsqueda de la verdad supone la confrontación de los puntos de vista, y no puede lograrse por medio de la fuerza, ni imponerse por la exclusión forzosa de otras formas de pensamiento.

   Admitimos el reconocimiento de las distintas formas plurales de la sociedad, en el sentido de respetar y promover la sociabilidad que ayuda a la persona humana a la realización y cumplimiento de sus propios fines.  El Municipio es una de ellas, considerado como una sociedad integrada de modo natural en un espacio determinado y que tiene que resolver los problemas específicos que la vecindad (vecinos) supone. Para la Democracia Pluralista que los demócratas cristianos concebimos, la Familia es una institución fundamental y elemento primario de nuestra acción política; es una expresión  natural y necesaria que tiene la persona humana en su  manera de vivir y posee derechos propios y específicos. Otras formas plurales de la sociedad: sindicatos de trabajadores, grupos profesionales, comunidades culturales, universidades, asociaciones, comunidades religiosas, entre otras.

        La Democracia Comunitaria, es la Democracia que sustentamos los demócratas cristianos. No aceptamos la democracia individualista. Para nosotros, el individuo no es el objeto de la acción política, sino la comunidad. No buscamos asegurar el bien individual, sino el bien común. No nos basta la justicia conmutativa, sino la justicia social. Aspiramos a que el egoísmo sea vencido por el amor, para realizar la idea verdadera de comunidad vivificada por la solidaridad. Queremos que el Estado represente a la comunidad política; que la empresa sea una comunidad en lo económico; que los pueblos constituyan una verdadera comunidad internacional. El signo comunitario ha venido a ser uno de los elementos distintivos de la Democracia Cristiana.

     Y por último, la Democracia Participativa, significa asegurar la participación permanente del Pueblo en el proceso de toma de decisiones. No nos satisface que el Pueblo sea convocado cada cierto número de años a escoger a sus representantes y dirigentes y después sea relegado hasta la próxima consulta electoral. Es necesario que el Pueblo, se manifieste responsablemente en el conocimiento, análisis y opinión de los problemas, así como también de sus aspiraciones.

    ¿Cómo lograrlo? A través de un proceso de organización y de diálogo. Organización, para que los diversos sectores, busquen por sí mismos sus canales y modos de expresión y acción. Diálogo, para que los gobernantes expongan y defiendan ante el Pueblo el contenido de sus decisiones y, a su vez, escuchen los planteamientos formulados por los diversos modos de expresión popular.

        En América Latina, esta tarea es una de las más importantes ya que existe una tradición de paternalismo oficial que achaca al Estado o al Gobierno,  la culpa de todos los males y la responsabilidad de todos los remedios. No ha habido, ejercicio de la responsabilidad ciudadana.

        La Democracia Cristiana repudia tanto la tesis del Estado providencia como la del Estado gendarme. No admite la responsabilidad entera del poder público ante las cuestiones sociales y económicas, pero tampoco acepta la solución estatista que reduce al hombre a un simple espectador de los planes oficiales.

     Su logro implica también el esfuerzo de la promoción popular y, por otra parte, el fortalecimiento de las instituciones y la creación de nuevas estructuras, mediante un nuevo ordenamiento jurídico y una nueva praxis social.

 

Ejemplo: Consejos Comunales; Asociaciones de Vecinos; Liderazgo para la forjación de una nueva praxis social.

 

Instituciones y Estructuras:

        Para los demócratas cristianos, las instituciones son una realidad permanente, que responde a determinados principios, ideas y necesidades del cuerpo social. Se manifiestan en hechos concretos, es decir, desde las estructuras, que plasman o traducen mediante determinadas normas, vivencias o relaciones, lo que cada institución quiere realizar.

        Nosotros, los demócratas cristianos, no estamos satisfechos de las estructuras actuales. No lo estamos sobre aquellas dentro de las cuales se desenvuelve la Familia, que dificultan su desarrollo. No estamos satisfechos de las estructuras económicas, dentro de las cuales se desenvuelven instituciones como la empresa, el sindicato, o la comunidad profesional. Tampoco, de las estructuras culturales, que en nuestra opinión no realizan a plenitud las necesidades del hombre de nuestro tiempo; ni de las estructuras políticas, encajadas en ciertos moldes que no están a tono con la dinámica y las necesidades del momento en que vivimos.

   Pero cuando hablamos de un cambio de estructuras, no lo hacemos con la idea de arruinar las instituciones. Es precisamente para que las instituciones se fortalezcan y cumplan mejor las finalidades por las cuales existen.

     Los conservadores, al pretender el mantenimiento de las estructuras actuales, tratan de mantener las instituciones dentro de un molde de hierro que las esterilizaría y las lleva al fracaso. Los marxistas pretenden la destrucción de las estructuras actuales para derribar las instituciones y substituirlas por otras. La doctrina marxista ortodoxa supone la desaparición de la familia y del Estado.

 

La Democracia Cristiana y las Formas de Propiedad:

        La Democracia Cristiana se ha mantenido alejada de la concepción liberal capitalista y del socialismo marxista, en cuanto a su intenso debate sobre la existencia de la  propiedad privada. Para nosotros, es necesario mantener como derecho natural y primario de la persona, el derecho de la propiedad; pero al mismo tiempo, exigir que este derecho de propiedad esté sujeto a un ordenamiento jurídico, para que cumpla la finalidad social que la justicia exija en beneficio general.

        No pretendemos que toda propiedad cumpla por el sólo hecho de su existencia una función social.  La propiedad tiene múltiples formas. Es pública la que corresponde al Estado, en nombre de los intereses generales de la Nación. Es privada la que se reconoce a cada quien como individuo. Nuestra tesis acerca de la propiedad jamás ha excluido ni podría excluir la idea de que muchas de las formas de tenencia de los bienes deben ser de naturaleza pública y no privada.

        No hay sólo el binomio propiedad del Estado ó propiedad privada. Existe también la propiedad familiar, que tiene como sujeto a la familia, y la propiedad comunitaria, que busca caminos a la justicia y al bienestar de todos, poniendo como sujeto a la comunidad, o alguna forma de comunidad. Dentro de la Democracia Cristiana hay una sincera aspiración hacia el fomento de la propiedad comunitaria, como un medio de eliminar barreras entre clases y sectores sociales, y de estimular a los hombres al esfuerzo común.

 Ejemplo: Expropiaciones con utilidad pública; Nacionalizaciones del hierro y el petróleo;

 

La Subsidiariedad y la Intervención del Estado en la vida social:

       La Democracia Cristiana ha defendido el principio de la Subsidiariedad, que obliga y orienta al Estado a apoyar, asistir y completar la acción de los particulares cuando ésta no sea suficiente para alcanzar los fines sociales propuestos.

        Por otro lado, los demócratas cristianos creemos en la responsabilidad del Estado para la intervención en los asuntos colectivos con el fin de dirigir, coordinar y controlar las actividades de individuos y grupos. Consideramos que la abstención del Estado ante los hechos de injusticia, las diferencias de poder entre los hombres o entre los distintos grupos o clases sociales, es criminal, y por tanto, el Estado tiene el derecho y el deber de intervenir. Esta intervención debe tener por límites la existencia de los derechos naturales de las personas o grupos, que el Estado no otorga sino que reconoce; pero, al mismo tiempo, debe llegar hasta donde sea necesario, para realizar la justicia, sin coartar la iniciativa y el derecho de todos los actores a desarrollarse y a actuar dentro de una esfera propia con libertad.

 Ejemplos: Misiones Sociales e intervención y regulación del mercado.

CONOCE: Principios y Valores de la Democracia Cristiana

Dignidad de la persona humana:

 Para nosotros, el hombre es un valor fundamental, considerado, no como individuo, sino como persona, lo cual lo distingue de los otros animales y le da una calificación especial dentro del conjunto de los seres creados, ya que residen en él la racionalidad y la libertad. Por ello, la dignidad de la persona humana es punto central de todas nuestras aspiraciones como demócratas cristianos.

 El 99,9 por ciento de los ciudadanos de un país no pueden autorizar ninguna acción que vulnere los derechos esenciales de las persona humana del otro 0,1 por ciento de la población. Si se desconoce la Dignidad de la persona humana, se estaría fallando en el concepto de Pueblo; y sin éste no puede funcionar realmente el gobierno del Pueblo, es decir, la Democracia.

La Dignidad de la persona humana, inspira los actos y postulados de la Democracia Cristiana en todos sus aspectos, ya que al fin y al cabo, la primera finalidad del orden social es permitir al ser humano, el desarrollo pleno y cabal de su personalidad.

 Nosotros, por definición, por principio, por esencia, somos no sólo ajenos, sino contrarios a todo lo que envuelva menoscabo o disminución de la dignidad de la persona humana. Por eso, la demagogia, es un recurso incompatible con el pensamiento de la Democracia Cristiana; porque supone, no la elevación del Pueblo, sino su relajación, su corrupción,  su utilización como instrumento para lograr determinados fines; no la elevación de la conciencia, sino la manipulación de instintos y sentimientos primarios, para manipularlos y usarlos en favor o en contra de determinados objetivos.

 

La primacía del Bien Común:

El Bien Común, una de los principios más firme y persistente de la Democracia Cristiana. Este, implica no el simple beneficio mayoritario o numérico de la población, sino del conjunto más armónico posible, de manera que la población pueda disfrutar de los beneficios que el orden social asegura, para que cada uno pueda cumplir sus propios fines de manera satisfactoria.

El Bien Común implica la promoción, el fortalecimiento y la consolidación de un conjunto de condiciones que permitan a las personas el desarrollo de sus potencialidades. El Bien Común debe contener en modo perfecto, todo los bienes tanto materiales como espirituales para el pleno desenvolvimiento y desarrollo integral de la persona.

El Bien Común, es el bien de la generalidad. En algunos casos, cuando haya contradicciones insalvables, será el bien de la mayoría, logrado de manera armónica, a través de principios de justicia que, para nosotros, están subordinados principalmente a la justicia social.

 

La Justicia Social en una Venezuela mejor:

La Justicia Social, es aquella que exige a cada uno de nosotros y a todos los grupos y clases sociales, lo necesario para que cada uno pueda desarrollar su personalidad dentro del Bien Común. Los actos humanos o normativos fundados en la Justicia Social, exigen más de los que más tienen y no establece un régimen de igualdades aritméticas. Así, en las relaciones entre capital y trabajo, se impone cada vez mayores cargas al capital, para poder restablecer los derechos del trabajo. La igualdad de condiciones y oportunidades para todos los sectores de la sociedad, son también características de la “Justicia Social en una Venezuela Mejor”, eslogan del Partido Social Cristiano COPEI desde su fundación en 1946.

Ejemplo: Dentro del cualquier régimen fiscal (impuestos), debe prevalecer el criterio de la “proporcionalidad”, para que las clases económicas poderosas lleven el mayor peso de los gastos que exige la sociedad; busca convertir el Estado, a través del impuesto, en un instrumento de justicia distributiva que exige más de quienes tienen mayores recursos, para atender a través de servicios de diversa índole a las necesidades de los que tienen mayores carencias.

 

Perfectibilidad del hombre y la sociedad:

Los demócratas cristianos no creemos en la fatalidad del destino provocada por causa del hombre. Reconocemos que los factores naturales, geográficos, raciales, económicos, culturales, entre otros, ejercen sobre la vida de los Pueblos, una influencia mayor o menor de acuerdo con las circunstancias históricas. Pero creemos que el hombre y la sociedad, tienen en última instancia capacidad de decidir sobre su propio destino, de actuar y transformar las circunstancias y las realidades.

Estamos convencidos de que la acción del hombre como persona, y del Estado como institución, que es desarrollo normal de la persona humana, envuelve la capacidad y el deber ético de trabajar y luchar para que, a través de una perfección cada vez mayor, se puedan corregir errores e injusticias y lograr el bien común a que aspiramos.

Ejemplo: ¿Podrá la Venezuela de hoy, conformada por sus diversos actores, perfeccionarse y aprender de los errores para mas nunca cometerlos? Creemos que sí. Por otro lado, creyendo nosotros este principio, sería imposible no concebir y defender la idea, de que de los desaciertos cometidos hemos aprendido una valiosa lección, y que estamos comprometidos a perfeccionar nuestra acción política, siempre a la luz de la Democracia Cristiana.

 

Nuestra Solidaridad:

Frente al egoísmo, históricamente representado en su grado máximo en el capitalismo salvaje; frente al odio, que como sistema social está representado en el pensamiento marxista, el pensamiento social cristiano destaca el principio de la solidaridad.

 

“El odio, es el motor de lucha de la revolución” Ernesto Che Guevara.

La Democracia Cristiana no sostiene la tesis del egoísmo, del odio o de la destrucción recíproca entre los grupos sociales, sino que busca como finalidad la armonía, el entendimiento y la solidaridad. Toda posición discriminatoria desde el punto de vista racial, clasista, religioso, limítrofe, es contraria a la inspiración de nuestra acción y de nuestra lucha, como demócratas cristianos.

Sentimos una solidaridad inequívoca e irrevocable por los sectores más desposeídos del Pueblo venezolano.

Axiomas, reflexiones e importancia de conocer a nuestra ideología Demócrata Cristiana:

 °        Parece indudable que no puede haber una acción política profunda y creadora, sin un pensamiento que la alimente.

 °        Cuando los hombres o los partidos pierden la claridad en las ideas y carecen de una interpretación coherente y racional de sus actos, corren rápidamente hacia la esterilidad.

 °        Disfrazan su desnudo en formas pragmáticas, que no pueden reemplazar su vacío interior, y derivan pronto a las peores formas del oportunismo.

 °        Por eso es de vida o muerte que los partidos de inspiración demócrata cristiana mantengan vivas, claras y límpidas las fuentes de su inspiración ideológica.

 °        Nada corrompe más a un partido que quedarse huérfano de ideas; su desintegración es cuestión de tiempo, generalmente precedida de una crisis moral que se manifiesta en el trato y la falta de cohesión interna, o en debilidades no aceptables en el manejo del Estado y sus funciones económicas.

°        El primer congreso mundial de la Unión Internacional de las Juventudes Demócratas Cristianas, se celebró en Caracas en 1962.

CONOCE: Los conceptos básicos de la Democracia Cristiana

Qué es la Democracia Cristiana:

       La Democracia Cristiana es nuestra ideología política. Ella nos orienta en la forma de observar e interpretar a la sociedad y sus diversos problemas. Sustentándose en la     Doctrina Social de la Iglesia - que es el pensamiento que emanan las encíclicas papales -, la Democracia Cristiana acoge una amplia gama de características, valores y   principios que la convierten en un pensamiento original, específico y diferenciado.

       El joven, dirigente y militante del Partido Social Cristiano COPEI, no solo tiene el deber y sino la necesidad de conocer su ideología, de practicarla y de contribuir a su análisis y renovación continua.  Debemos conocerla, pues en la práctica política, cada uno de los pasos que demos debe ir en relación a los valores y principios de la Democracia Cristiana. Si damos un paso en otra dirección o basándonos en una concepción distinta, no estaríamos siendo auténticos demócratas cristianos y desvirtuaríamos así nuestra lucha. Pero no solo se trata de practicar la ideología en el plano político. El demócrata cristiano debe interiorizar a la Democracia Cristiana en su plano personal, pues en su escogencia, aunado a su vocación por la política, la asumió como un modo de vida al servicio de la sociedad. “No se trata solamente de definirse como seguidores de los valores cristianos. Se trata de vivirlos” Jaime Castillo Velasco.

       Debemos sentirnos orgullosos de ser demócratas cristianos, pues hemos escogido bien en seguirla. Por ello, nuestro eslogan será “Dilo con orgullo, soy demócrata cristiano”. Un social cristiano formado, se siente identificado con su ideología y con su organización política y se compromete e inspira aun más en la lucha que llevamos a cabo.  Recuperar la identidad y el compromiso social cristiano es un esfuerzo oportuno y obligatorio para el futuro de nuestra organización. “No pareciera seria ninguna acción política, sin un pensamiento que la alimente” Luis Herrera Campins.

 

Historia de la Democracia Cristiana:

       No queremos en este inciso, profundizar en el estudio histórico de la Democracia Cristiana, pero si resaltar sus principales momentos de auge y fortalecimiento como pensamiento político.

        Hacia finales del S. XVIII y principios del S. XIX, Europa vivía una época difícil y controversial llena de revoluciones políticas, conflictos sociales, cambios en los sistemas de producción, alteraciones en las estructuras sociales y surgimiento de nuevos ideales políticos, entre otros factores.

        Se dejaba atrás el modelo feudal, y se apertura el modelo liberal y mercantilista como consecuencia de la expansión de la revolución industrial, sirviendo de antecedentes del Capitalismo como modelo de producción. Este proceso hizo que surgieran dos clases sociales específicas: la burguesía y la clase obrera.

        Si bien no podría negarse que la revolución industrial inició el camino hacia la modernidad, de la cual gozamos hoy en día, tampoco podríamos esconder que fueron infinitas las injusticias sufridas por la mayoría obrera. El ser humano era tratado como maquinas, debían cumplir largas jornadas de trabajo bajo condiciones miserables y recibían por ello un pago muy bajo que los mantenía en la pobreza. Esta situación, mantuvo tensas las relaciones entre obreros con sus patrones, quienes exigían continuamente mejoras salariales y reducción de horas laborales.

        Esta caldera de inconformidades y exigencias obreras, recibió con respaldo al nuevo ideal político emergente llamado Socialismo. Bautizado así por Carlos Marx y Federico Engels, propuso la desaparición del Capitalismo y la dictadura del proletariado. Esto hace que se caldeen aun más los ánimos entre obreros, que se intensifiquen las protestas, que se conformen sindicatos y aparezcan nuevos partidos políticos de corte socialista.

        Durante años, la Iglesia Católica veía los acontecimientos sin intervenir, pero la profundidad de los problemas sociales que se manifestaban, llevaron a la Iglesia a fijar su posición en relación a la cuestión social. El 15 de mayo de 1891, la Papa León XIII, pública la encíclica Rerum Novarum, que en español significa “De las cosas nuevas”.

        La Rerum Novarum, denuncia que el orden social y económico generado por la revolución industrial, el liberalismo  y  posteriormente el socialismo no se compadecen con la moral ni la ética cristiana. Este documento defenderá con fuerza, que el  trabajo no es una mercancía sujeta a las leyes de la demanda y la oferta, que la propiedad privada tiene una función social y que la autoridad debe intervenir en las relaciones económicas para tutelar los  derechos de los más débiles.  Surge aquí el aval y el estímulo para promover todas estas posiciones en la estructura del Estado, y con ello, la primera toma de conciencia sobre una acción política con signo cristiano.

       Posteriormente y luego de la I Guerra Mundial en 1918, un sacerdote de la región de Sicilia en Italia, Luigi Sturzo, recibe la autorización de sus superiores eclesiásticos para lanzarse a la aventura de un partido político, fundándose así el Partido Popular Italiano. La vida democrática de Italia ve insurgir a una organización política que busca y requiere del pueblo para la solución de los problemas y que al mismo tiempo envía un mensaje con gran contenido social. Su ambición era señalar una posición cristiana que era capaz de ofrecerle al pueblo caminos claros para sus reivindicaciones y se propone difundir en los sectores populares un conjunto de ideas que permitan organizar a esos sectores para influir en el poder del Estado. Con Sturzo, la Democracia Cristiana salta de la idea a la praxis y se desprende de la Doctrina Social de la Iglesia para adquirir independencia como organización específicamente política.

       Más adelante, y después de culminada la II Guerra Mundial en 1945, Europa se ve sumergida en momentos de grandes angustias sociales, alimentadas por el desconcierto y las amarguras de las Guerras. Dentro de este escenario, era fundamental llenar el vacío espiritual que reinaba en la población y los movimientos demócratas cristianos florecieron con fuerza. 

       El propio Sturzo, y otros pensadores como Maritain, De Gásperi y Adenauder, hicieron de sus vidas un ejemplo de consecuencia con la Democracia Cristiana, y se erigieron como líderes de la resistencia del hombre frente al totalitarismo. Ello permitió que al término de la Guerra, pudiesen aparecer con todo vigor los grandes partidos demócratas cristianos que le disputaron al marxismo la conciencia y la voluntad de los pueblos, y que asumiendo democráticamente la tarea de gobernarlos, lograron el milagro de la reconstrucción del llamado viejo Continente.

       En este mismo período, es cuando cobran impulso los partidos demócratas cristianos en América Latina. Al comienzo no se conformaron como una opción inmediata de poder, y más bien, tenían un propósito de clarificación y adaptación de las ideas fundamentales de la Democracia Cristiana a la realidad de América Latina. Partidos como la Unión Cívica de Uruguay, Falange Nacional de Chile y COPEI en Venezuela, fueron los primeros en constituirse, y a pesar de que no se nombraron como demócratas cristianos sino años después, ya se les conocía como tales. Unión Cívica y Falange Nacional, convirtieron sus nombres a Partido Demócrata Cristiano y COPEI mantuvo sus siglas, identificándose como Partido Social Cristiano o Demócrata Cristiano.

       Desde entonces, la Democracia Cristiana es un instrumento expresión y participación política para millones de seres humanos en el mundo.